
Este mantra que se podía oír en los labios
de miles de Tibetanos, antes de la invasión china. Es el mantra de
Avalokitésvara, el Bodhisatva de la Compasión.
Una traducción común de Avalokitésvara es “El Señor Que Mira Hacia Abajo”. Es decir, es el Bodhisatva que está constantemente solícito y preocupado por los sufrimientos de todos los seres. Se representa de varias formas(se dice que tiene 108 formas en total) pero vamos a ver dos. Puede aparecer sentado sobre un loto blanco en un trono de joyas, y su cuerpo es de color blanco brillante el color de una concha, o de la luz del sol reflejado en la nieve. Su cuerpo aparece adornado con seda y joyas, que se dice simbolizan todas las Perfecciones que él ha practicado desde tiempo ilimitado. De modo extraordinario tiene cuatro brazos: un par interior juntos ceñidos en forma de un capullo de loto en su corazón, la mano derecha sujetando un rosario de cristal, y la mano izquierda una flor de loto. Todo su cuerpo está creado de luz, brillante y sutil, y está rodeado por una gran aura cuyo borde exterior es un enorme arco iris. Su expresión es una de la más profunda Compasión.
Pero ¿de qué sirven incluso cuatro brazos cuando
está contemplando todos los sufrimientos del mundo, verdaderamente
de mundos infinitos y del tiempo infinito? Así que hay otra forma de
Avalokitésvara que aparece frecuentemente y ésta es una forma
que está de pie con mil brazos. Los brazos se extienden del cuerpo
para formar un radiante círculo blanco, y en la palma de cada mano
aparece un ojo. La figura tiene no sólo mil brazos sino once cabezas.
Tal figura puede parecer extraño en un principio, pero una vez que
se haya comprendido que encarna una profunda emoción espiritual dejará
de parecerle raro. Para alguien de una mente puramente literal y mundana,
la figura de Avalokitésvara de Mil Brazos será una invención
de Heath Robinson, un ser imposible y ajeno. Pero para alguien quien haya
desarrollado el `Bodhicitta', o para alguien quien está haciendo esfuerzos
sinceros para desarrollarlo, la figura será simplemente la encarnación
de un sentimiento que reconoce muy bien. Para el Bodhisatva que está
involucrado en ayudar a todos los seres siempre habrá un abismo entre
lo que realmente puede hacer de forma física y concreta por otros seres,
y lo que ve como necesario hacer. Existen tantas demandas del corazón
sensitivo, tantas maneras en que podría pasar su vida, tantas causas
desesperadas. Pero uno sólo tiene dos ojos para ver lo que hace falta,
un par de hombros sobre los cuales puede llevar a los enfermos y cojos, un
par de labios para inspirar a los afligidos, y un par de brazos para mecer
al universo. La vida se escapa en cada momento, y todavía queda un
infinito de cosas por hacer! El tiempo se mide en lágrimas para el
Bodhisatva. Este abismo entre lo que uno ve como necesario y la cantidad minúscula
que pueda hacer realmente, entre el alcance infinito del corazón del
Bodhisatva, y los recursos limitados de su cuerpo, se experimenta como una
opresión, como un dolor profundo. La figura de Mil Brazos de Avalokitésvara
encarna esta opresión y su transcendencia. El número de mil
es puramente simbólico; en realidad extiende una mano a cada ser del
universo.
Este mantra evoca otra figura del brillante cielo azul: un
príncipe de dieciséis años, sentado sobre un trono de
un loto de azul pálido, su cuerpo de una luz dorada, el color del ojo
de un león. Está sonriendo dulcemente, y sobre su frente hay
una corona de lotos azules, coronado con cinco joyas. Lleva en su mano derecha
una espada de doble filo con un mango de una `vajra', la punta de la espada
rodeada de llamas. Con su mano izquierda oprime un libro delgado contra su
corazón. Él también lleva puesto sedas y joyas y está
rodeado de una gran aura de luz.
El mantra ha invocado a Manjughosa o Manjusri, el Bodhisatva
de la Sabiduría. Literalmente Manjughosa significa `El de La Voz Suave',
que implica una conexión con la comunicación creativa. Su figura
y mantra son meditados por aquellos involucrados en los artes y ciencias,
comprometidos en el estudio, o deseosos de desarrollar una memoria retentiva.
No obstante, el hecho de verle como un tipo de `deidad patrón' de los
artes y ciencias es lo más inferior de sus cualidades. La sabiduría
que encarna significa ‘prajna', La Sabiduría Trascendental, la
Sabiduría que conoce la Realidad. Lo más cerca y próximo
a su corazón es el volumen de la `Prajna Paramitá' la Perfección
de la Sabiduría entregado al gran sabio Nagárjuna por los `nagas'
de larga vida quienes moran en las profundidades del océano. Su espada
de doble filo corta a través de todos los conceptos dualísticos
que nosotros infligimos en la
Realidad: tales como existencia' y `no-existencia'. o uno mismo' y otro'.
La punta de su espada penetra el mundo de la misma Verdad en el que todos
los dualismos se funden en los fuegos de `sunyata'. El lleva el color dorado
de un enorme sol, iluminando la oscuridad de la ignorancia de Samsara con
el gran resplandor de la Verdad. Tiene la juventud de la Sabiduría
que ve la frescura de la vida en cada instante, que ni envejece ni se dobla
por el peso de las preocupaciones mundanas porque puede ver a través
de su naturaleza ilusoria, penetrando hacia un mundo de luz y libertad donde
la muerte no tiene `dominio'. Manjughosa representa una comprensión
completa y uso libre de las posibilidades de comunicación a través
del lenguaje, pero también un reconocimiento claro de sus limites.
Su mantra incorpora los cinco primeros sonidos del alfabeto de la Sabiduría
Perfecta, llevándonos de vuelta a los bloques más básicos
de la construcción del lenguaje o la magia que utilizamos para controlar
nuestro mundo y después llevándonos más allá hacia
un encuentro con la `Sabiduría más allá de palabras',
el `silencio estruendoso' de la misma Realidad.
Mientras resuena este mantra una figura muy distinta aparece
ante nosotros en el cielo. No es una figura esbelta de dieciséis años,
sino por lo contrario una gigantesca figura poderosamente construida de color
azul, con un cuerpo achaparrado únicamente vestida con la piel de un
tigre. Sobre su cabeza aparece una corona de calaveras, no de joyas. Su cabello
es largo y despeinado, su cara una máscara de furia, los globos de
sus ojos hinchados, y tiene un tercer ojo en medio de su frente con una mirada
tan furiosa y perniciosa como la de los otros dos. Sujeta en su mano derecha
una vajra dorada en lo alto, el cetro rayo que jamás puede fallar su
objetivo y que siempre vuelve a su mano, mientras que su mano izquierda expresa
un gesto de guardián contra cualquier fuerza hostil hacia el progreso
espiritual. Camina hacia la derecha golpeando con los pies a dos pequeñas
figuras. Todo su cuerpo está rodeado por una aureola de llamas. Esta
es la forma colérica de Vajrapani, el que “Sujeta el Rayo Diamantino”,
el Bodhisatva que encarna la energía espiritual y heroísmo.
Igual que con Manjusri, uno puede relacionarse con él desde varios
puntos de vista. En un aspecto personifica ese tremendo estallido casi suprahumano
de energía que tenemos que excitar si vamos a ir más allá
de nuestros límites y más allá de todo aquello que conozcamos
para contactar con lo Trascendental. O le podríamos ver en un nivel
superior como prorrumpiendo `de 'lo Trascendental, en cuyo caso representa
la cualidad heroica y audaz que se desata en nosotros, la energía fantástica
liberada por nuestro contacto consigo. En el primer caso él representa
el esfuerzo supremo todas nuestras energías dirigidas hacia la búsqueda
de la Realidad. En el segundo caso representa las efusiones de una libertad
espontánea y sin esfuerzo. En este segundo caso Vajrapani pisotea las
figuras del anhelo y aversión debajo de los pies, casi sin fijarse
en ellas. Con la vajra de la Visión Clara y Realidad rompe las barreras
entre uno mismo y el otro con la facilidad que un boxeador de peso pesado
tendría al golpear un muro de papel. Habiendo destruido las ilusiones
que nos han atado al sufrimiento desde el tiempo sin comienzo, sus ojos brillan
con triunfo, y la decisión feroz para ayudar a todos los seres a irrumpir
fuera de la cárcel de su ignorancia en lo que se mantienen prisioneros.
Del grito triunfante de Vajrapani, el grito de guerra del héroe espiritual,
ahora se nos presenta una faceta completamente distinta de la Joya de Iluminación.
Tal vez de nuevo durante un breve instante podamos ver la figura de Avalokistésvara,
apareciendo igual que una nube radiante de luz blanca en medio de la cual
hay un par de ojos, los ojos más hermosos que jamás han habido.
Mientras miramos dentro de esos ojos vemos reflejado en su interior la procesión
infinita andrajosa de la vida mundana. Reflejan los enemigos,, batallas feroces,
las caras de vidas nuevas que gritan luchando por su primera bocanada de aire,
las caras de las vidas que están llegando a su fin con resignación
o temor. Los reflejos siguen y siguen, igual que una película sin comienzo
ni final, siempre dando las mismas escenas, sólo con unos pequeños
detalles cambiados. Un ejército lleva espadas cortas, el siguiente
porta rifles y bayonetas, y el siguiente armas nucleares. Mientras que esta
película infinita se desenreda en el reflejo de esos ojos perfectos,
las lágrimas comienzan a formarse . Se caen por cañadas hasta
que forman un enorme charco. Un loto de azul pálido surge del charco,
sobre el cual reposa un felpudo lunar blanco. Sentada sobre el felpudo lunar
puro, rodeada de arcos iris, tan suave y delicada como una princesa de duendes,
está Tara, la “Salvadora”, la hija espiritual de
Avalokitésvara, nacida de sus lágrimas, y por lo tanto
la misma quintaesencia de la Compasión. Es su mantra la que ahora resuena
suavemente.
Ella tiene el color de verde jade o turquesa, es delgada y hermosa. Su pie derecho cuelga hacia abajo dando énfasis a esa cualidad espontánea de la Compasión la cual está dispuesta a responder de modo instantáneo ante cualquier situación en que se necesita ayuda, igual que una madre se lanza sin pensar en su propio peligro para poder rescatar a su hijo. Su mano derecha reposa sobre su rodilla, la palma al exterior con un gesto de dar libremente , mientras que su mano izquierda sujeta el tallo de una flor de loto con tres capullos: uno firmemente cerrado, uno mitad abrir, y uno abierto completamente. El pasado se ha ido, el futuro sin llegar, y el presente tan inalcanzable como un relámpago. Colocada sobre su cabeza hay una diadema de joyas, puesto que ella es igual que una reina del universo espiritual. Su cuerpo irradia la luz de un arco iris.
La figura que hemos visto es la de Tara Verde, pero hay veintiún
formas de Tara en total. Otra forma que aparece comúnmente es la de
Tara Blanca, tan hermosa y serena como su hermana, pero con ambas piernas
colocadas en la postura de meditación, y con siete ojos: dos en el
lugar usual, uno en medio de su frente, dos en las palmas de sus manos, y
dos en las suelas de sus pies. De esta forma nos recuerda que la Compasión
tiene que ser sabia. Para poder ayudar no debemos perder nuestro centro, no
debemos perder nuestro equilibrio. Tenemos que ver las cosas con claridad,
de otra manera seremos parte del problema en vez de parte de la solución.
Igual que todos los colores del arco iris se funden en una brillante luz blanca,
de igual manera ella funde todas las cualidades de la Iluminación en
ella misma.
De todas las figuras de Budas y Bodhisatvas tal vez Tara es la figura más
accesible, la más gentil y alentadora. Algunas veces se habla de su
práctica como el `camino fácil hacia la Sabiduría.
Ahora nos encontramos mirando a través de una vasta extensión
de océano con suaves olas, en medio de las cuales un sendero de luz
dorada se extiende hacia la distancia. Al mirar a lo largo podemos ver la
fuente de ese sendero dorado: una figura de rojo profundo, sentado sobre un
loto rojo. Hasta ahora sólo hemos encontrado a distintos Bodhisatvas,
pero ahora nos encontramos con un Buda, el Buda Amitabha. Sus manos están
en la mudra de meditación, sujetando un loto de color rojo profundo.
Lleva puesto las túnicas monásticas de color rojo anaranjado
bordadas con oro. Su pelo está rizado y del color negro azulado, y
todo su cuerpo parece irradiar Amor y Compasión. És el Buda
de la Luz Infinita, asociado con el Occidente y con el calor de la puesta
del sol, que penetra todo con su profunda luz brillante. Su amor baña
todo, penetra todo, deslizándose sobre la superficie del mar. Es un
Amor de unas dimensiones que abarca todo, y las olas, tocadas por ello se
reconocen ahora como parte del océano, aunque anteriormente se habían
sentido como algo separado y aislado.
Mientras que el mantra se aleja la figura de Amitabha se disuelve en la luz,
y el océano se disminuye en un río que fluye suavemente. Sobre
el banco más lejano vemos un gran árbol con un tronco del color
gris y plata y unas hojas verdes con forma de corazón. Sentado debajo,
recientemente Iluminado como lo ha sido desde un tiempo sin límite,
aparece Sakyamuni "el Sabio del Clan de los Sakyas el Buda histórico.
Pero no le vemos aquí como habría aparecido ante los ojos físicos,
sino con lo que Wordsworth denomina el ojo interno:le vemos transformado.
Después de todo, su cuerpo físico era simplemente el acrecentamiento
del karma pasado, mientras que el cuerpo radiante `reluciente con marcas y
señales' que vemos sentado ahora bajo el árbol Bodhi no es meramente
el bagaje sobrante de tiempos anteriores a su Iluminación, sino la
encarnación de la misma experiencia de Iluminación. Después
de su Iluminación el Buda era como un rey disfrazado todavía
vestido con los harapos de un cuerpo condicionado, era el soberano de todo
los tiempos y espacio. Así que aquello que ahora vemos es la manifestación,
la comunicación, de esa soberana conciencia ilimitada: Sakyamuni vestido
con las insignias brillantes de lo Incondicionado.
Sentado en la postura de la meditación, todo su cuerpo brilla con una
luz dorada, y su sonrisa serena nos cuenta más que unas palabras jamás
pudiesen acerca de la Felicidad Suprema de la Iluminación que él
se esforzó tanto por alcanzar.
Tal vez la siguiente figura debería aparecer en medio del rayo de un
trueno. Su mantra evoca a Padmasambhava, el Guru nacido de un Loto. Es una
figura mágica y encarna el linaje completo de
enseñanzas tanto esotéricas como exotéricas que se ha
transmitido con palabras, señas y telepatía durante 2,500 años.
Es el gran depósito de poderes espirituales hacia donde debemos aproximarnos
si vamos a transformar de un modo radical tanto a nosotros mismos como a nuestra
sociedad, al confrontar a los obstinados demonios que residen en nuestras
profundidades, amansándoles con poderes mágicos, y atándoles
al servicio del Dharma.
Es el Guru Tántrico, dispuesto a no pararse por nada para ayudar a
su discípulo a beber la sangre de la vida de la Realidad que hay en
el cráneo vaso de “sunyata”. Sentado sobre un loto rojo
y felpudo de luna blanca, lleva puesto tres túnicas reales de las tres
“yanas” del Budismo; Hinayana, Mahayana y Vajrayana. En su mano
derecha lleva una vajra dorada, en la izquierda un vaso cráneo lleno
del néctar de la Realidad. Enganchado a su lado izquierdo, igual que
una esposa, hay un flameante bordón de tres púas, junto con
tres cabezas humanas, una recién cortada, una pudriéndose, y
una no
más que una calavera. Sobre su cabeza lleva una gorra de loto adornada
con el sol y la luna, y de ésta sale una pluma de ala de buitre el
pájaro asociado con los yoguis, el pájaro que más alto
vuela. Erudito y mago, maestro de todas las yogas, sonríe con una extraña
sonrisa, compasiva pero con una alusión de cólera. Es verdaderamente
peligroso porque está más allá de lo convenido y no tolera
formalidades; si le encuentras puede que coja tu ego mundano y lo coloque
como un trofeo sobre su bordón. Pero a cambio te dará todo el
conocimiento del universo y un brebaje mágico para hacerte olvidar
el dolor y descontento para siempre; te arropará con un manto mágico
hecho de los árboles, ríos, sol, luna y estrellas; su Vajra
Sabiduría te protegerá y te guiará, y no volverás
a conocer el temor. Es un mago lo suficiente poderoso para romper el hechizo
oscuro que te ha mantenido en el sueño de la ignorancia durante miles
de vidas.
¿Realmente quieres despertar?
Y todos deben gritar, ¡Cuidado, Cuidado!
Con sus ojos de relámpago, su pelo suelto
Teje un círculo a su alrededor tres veces,
Y cierra tus ojos con santo pavor,
porque él se ha alimentado con el rocío cubierto de miel,
Y ha bebido la leche del Paraíso.
Mientras que este mantra suene no aparece ninguna figura. Simplemente permanecemos
contemplando el cielo infinito de sunyata. Porque este mantra es la incomparable
radiante mantra del Sutra del Corazón, resumiendo la Sabiduría
que contiene. Mientras resuena se nos lleva más y más profundo
dentro del corazón de la Perfección de la sabiduría,
penetrando los distintos grados de sunyata. Finalmente al ir más allá
de todos los conceptos, ya no quedamos atrás mirando al cielo azul.
Todas las barreras se han quitado por fin. Radiante y sin obstáculos,
la conciencia Transcendental se extiende en todas las direcciones. Desde siempre
nosotros éramos el mismo cielo azul.
Shanthi quiere decir paz. Por fin estamos libres, y la paz, paz del cuerpo,
habla y mente representados por su repetición triple es el producto
de la libertad.
Queda un último punto. La Puja es esencialmente un acto colectivo,
y esto subraya una condición adicional para el surgimiento del Bodhicitta.
Es más probable que surja en una situación donde hay una cantidad
de individuos trabajando juntos para el Dharma. En un contexto donde hay amistad
espiritual y una visión común, donde tienes una cantidad de
gente comprometidos al Ideal Bodhisatva , intentando lograrlo, y donde tienes
las condiciones ideales para la aparición de la Joya que cumple todos
los deseos del Bodhicitta.
Esto, por encima de todas las demás cosas, es la razón de la
existencia del Movimiento de la Orden Budista Occidental. Es una asociación
libre de personas que una vez eran ciegos, pero cuya visión espiritual
se ha restaurado hasta cierto grado, y que todos están sistemáticamente
buscando joyas. Mientras que cada uno encuentre una joya él o ella
puede ver con claridad por fin, y puede guiar a otros en su búsqueda.
Si todos cumplimos con nuestra parte un día habrán miles de
personas que habrán restaurado su visión espiritual, todos sujetando
en su mano la joya preciosa del Bodhicitta cada gema reflejándose en
las demás, y todas las demás reflejándose en ella.
Una proporción amplia de personas que llegan a interesarse
en la práctica del budismo como resultado de asistir a clases en un
Centro del AOBO están atraídos en un principio no por el Budismo
como tal, sino por clases introductorias de meditación. Otras personas
pueden acudir para encontrar los aspectos específicamente Budistas
de las actividades por haber asistido a otras actividades, como karate o yoga,
o por haber hecho compras en una de las tiendas de Subsistencia Etica. Sin
embargo otras personas pueden haber leído algo acerca del budismo en
libros antes de llegar a uno de los centros del AOBO. Sea cual sea su forma
de acercamiento, si alguien en contacto con el AOBO desea llevar su interés
por el budismo más allá , el paso siguiente probablemente es
el de asistir a una clase de `asiduos' en su Centro local, y lo más
seguro es que sea aquí donde encuentran un aspecto de la práctica
budista que no hayan experimentado antes, y acerca del cual posiblemente sepan
muy poco: el desarrollo y expresión de fe y devoción a través
de cantos rituales y puja. El descubrimiento de estas prácticas y la
importancia de ellas llega como sorpresa para muchas personas; algunas personas
ven que pronto llegan a apreciarlas, pero otros experimentan reacciones adversas
que van desde su confusión de cómo ajustar estas prácticas
a sus preconcepciones acerca del budismo como un sistema racional, hasta una
completa repulsión de toda idea de ritos y devoción. El objetivo
de este artículo es, no solamente explicar el motivo del ritual y devoción
en el Budismo, sino de contemplar brevemente algunas de las razones de por
qué los Occidentales, sobre todo, experimentan tan frecuentemente unas
reacciones adversas iniciales con estas las prácticas. Una comprensión
más clara de las fuentes de estas reacciones posiblemente facilitará
el camino para poder superarlas, y poder apreciar prácticas devocionales
como herramientas valiosas hacia el crecimiento personal.
La principal fuente de reacciones adversas ante las prácticas devocionales
yace en frecuentes ideas falsas acerca de los ritos y devoción como
tal, y acerca de su naturaleza y propósito en el Budismo. De hecho,
es un eufemismo decir que únicamente tenemos que tratar con ideas falsas:
sería más aproximado decir que existe en el Occidente hoy por
hoy un ambiente general de prejuicio, y incluso en algunos casos hostilidad,
frente la a idea de que ritos y devoción tengan lugar en cualquier
sistema religioso siquiera. Existe un sentimiento de que ritos y devoción
y sobretodo los ritos representan un estado de degeneración siempre
que se encuentran en alguna de las religiones universales y que tales prácticas
aparecen únicamente cuando la verdad original y visión clara
de una religión se hayan perdido o oscurecido, y que cosas externas
podrían o deben eliminarse por no tener un valor intrínseco.
Por supuesto que se podría discutir que no existe ningún prejuicio
extendido contra ritos ni la práctica devocional hoy en día,
y que vivimos en una sociedad principalmente seglar, y que únicamente
una minoría de personas tiene alguna preocupación por la religión,
a no decir con los ritos y prácticas devocionales. No obstante, este
argumento no parece confirmarse con la experiencia, al menos en cuanto a la
mayoría de la gente que llega a interesarse en la práctica de
la meditación y del budismo. Estas personas llegan de orígenes
muy variados, religiosos y no-religiosos, y sin embargo hay un porcentaje
elevado de reacciones adversas ante el descubrimiento de la presencia de elementos
devocionales y rituales en el Budismo. Así que al parecer estamos tratando
con unos prejuicios amplios y profundos, con unas nociones aceptadas que han
llegado a formar parte de nuestra herencia cultural que muchos aceptamos sin
dar más consideración que damos a otras normas generales en
los grupos a los cuales pertenecemos. ¿Pero, cuál es la fuente
de este prejuicio o por qué muestra tanta gente en el occidente oposición,
e incluso enfado cuando encuentra los aspectos devocionales y rituales del
Budismo?
Para poder responder a esta pregunta primero tendremos que mirar a cómo
llegó a haber un amplio prejuicio ante ritos y devoción en un
principio, y en segundo lugar, cómo ha podido este prejuicio dar fuerza
a ciertos ideas erróneas acerca del budismo, y en particular acerca
de ritos y devoción en el budismo. Para encontrar la fuente de este
prejuicio que existe en el occidente sobretodo en el Occidente Protestante,
tenemos que volver a contemplar nuestra historia y cultura. Desde los comienzos
de la sociedad humana, por lo que podamos verificar, los rituales han ocupado
un lugar determinado en la vida social. Esto puede haber comenzado como un
medio de aseverar la identidad de un grupo o tribu, pero esto no quiere decir
que no tenía un aspecto `religioso' en las sociedades primitivas, una
tendencia a simplemente no hacer una distinción clara entre los aspectos
‘religiosos' o ‘seglares'. No obstante, la conjunción de
lo devocional y ritual señala un nuevo desarrollo superior, y específicamente
espiritual, únicamente encontrado donde la sociedad ha alcanzado una
etapa de una sofisticación relativa, donde los individuos han alcanzado
un grado de auto-concienciación espiritual, y donde las instituciones
específicamente ‘religiosas' se han desarrollado. Este era el
caso en la Europa medieval. Aquí, como en las etapas más primitivas
de la sociedad, ritual y devoción formaban una gran parte de la vida
cotidiana y vemos por ejemplo el lugar central que la Misa y otras ceremonias,
sacramentos y celebraciones tenían en la vida del pueblo, y también
la inmensa devoción popular que se daba a las reliquias de los santos.
En este tipo de sociedad, no era necesario explicar el significado de ritual
y devoción; su valor espiritual se apreciaba de una manera bastante
natural, sin necesidad de pensamiento previo. No obstante, con el desarrollo
de la Reforma Protestante, desde del siglo dieciséis, junto con los
ataques hacia los varios abusos que habían afectado el cristianismo
medieval, comenzaron los principios de lo que se consideraba como `superstición'
en la religión, y la demanda por la supuesta ‘sencillez' del
temprano cristianismo y mientras que la ‘sencillez' implicaba la erradicación
de ritual. Este movimiento gano fuerza en la parte norte de Europa durante
un periodo de dos siglos, y alcanzo su culminación en el siglo dieciocho,
con intentos por parte de los deístas y racionalistas en crear una
forma de religión enteramente ‘racional' por un lado, y por parte
de los evangelistas cristianos en quitar todas las formas rudimentarias de
ritual por otro lado. Los efectos de estos dos movimientos barrieron Europa
y América; en cuanto al ritual y devoción, los racionalistas
hacían que tuviesen intelectualmente mala fama, mientras que los evangelistas
los hacían inaceptables en una escala masiva, generando así
entre ellos una base de las nociones aceptadas que prevalecen sobre estos
asuntos hasta hoy en día. Además de esto, hay los efectos de
los grandes intentos de los pensadores seglares, tales como Marx y Freud,
en demoler por completo la religión como en el caso de "El Opio
del Proletariado", y en el otro caso como una expresión neurótica
de deseos sexuales reprimidos. Otros factores que han llevado hacia el prejuicio
contra el ritual y la devoción experimentado por gente en el `Occidente
Protestante podrían enumerarse, pero aquellos que se han comentado
anteriormente son suficientes para mostrar porque tanta gente encuentra dificultades
en aceptar las prácticas de una naturaleza devocional y ritual, las
cuales son una parte vital y integral del Budismo. Personas del occidente
moderno simplemente se han alienado de estas formas de expresión: no
forman parte de las normas de grupos ni de la cultura general, mientras que
una desaprobación y menosprecio hacia ellos sí que ha llegado
a formar parte de la cultura general. El menosprecio normalmente se expresa
en mirar a ritual y devoción con desprecio., bien sea su manifestación
en algún tipo de baile primitivo tribal, una Misa Católica,
o alguna forma de Puja budista. Al no haber practicado ritos y devoción
durante cientos de años, al Occidental moderno le parecen pertenecer
a una etapa del desarrollo humano que hemos dejado atrás.
¿Cómo pueden cantos primitivos ofrecer algo a la gente moderna?
Este tipo de generalización deriva de una incapacidad de poder distinguir
entre los ritos de grupos primitivos, magia, chamanismo etc, y las técnicas
psico-espirituales de una naturaleza devocional y ritual que se encuentran
en sistemas espirituales con un desarrollo superior como por ejemplo el Budismo.