
Por Sebastián Zuázquita.Nunca había estado en una cárcel antes; al llegar, lo primero que me impactó fue el color gris del edificio, parecía tan desangelado... me llamo la atención las caras de las personas que aguardaban para visitar a sus presos..., después entraba en un edificio, salía del mismo, entraba en otros, pasando sucesivamente los puestos de seguridad carcelaria, internándome más y más en la realidad de la prisión…..comienza a girar la rueda de la vida…Una imagen se apoderaba de mi mente “el mundo de la aflicción, del sufrimiento”. Aun no había visto ningún preso, pero podía percibir en el aire la densidad del encierro y la pesadez del sufrimiento que conlleva. Una y otra vez me venía a la mente la imagen de Kshitigarba, una figura arquetípica, un Bodhisatva del Budismo Mahayana. Kshitigarba es la personificación de la compasión del Buda hacia los seres atormentados, especialmente aquellas criaturas que por sus acciones cometidas en el pasado sufren castigos en el infierno. El corazón de Kshitigarba es un corazón que ha hecho votos para erradicar los infiernos, y si es necesario con una sola mano, aunque este logro tome una eternidad. Si tan siquiera pudiéramos imaginar los sentimientos de un corazón como éste, la estructura pesada de nuestros intereses propios temblaría como un fuerte terremoto, y caería para nunca reconstruirse. Finalmente llegamos al aula de meditación. A pesar de que siempre hay presos que vienen a meditar por primera vez, se ha ido formando un grupo de asiduos. Este aspecto de regularidad en la asistencia de algunos de ellos, junto con el hecho de que se han ido familiarizando con las técnicas de meditación y con nuestra presencia, ha permitido que el nivel de apertura, confianza y concentración del grupo haya progresado poco a poco. Con el tiempo se ha generado una dinámica de grupo con cierto grado de fluidez y armonía. Quiero decir que al principio era prácticamente imposible esperar que todos escucharan lo que un compañero expresaba. El nivel de dispersión y distracción del grupo no parecía fácil de superar pero después de muchas clases hemos ido creando el hábito de escuchar en silencio y compartir con respeto. De cualquier forma, pienso que es muy valiente y loable por su parte, intentar serenarse y contactar con su mundo interior, en medio de esa experiencia tan intensa de opresión y agresividad. Muchos de los que estamos fuera de la cárcel y con muchas menos dificultades hubiéramos tirado la toalla hace tiempo. Llegar los viernes por la tarde a la cárcel de Picassent para facilitar una clase de meditación, es algo que nunca hubiera imaginado llegar a hacer. Quiero decir que, por ejemplo en un viernes de Agosto a las 4 de la tarde con cuarenta grados de calor, coger la bicicleta para ir a encontrarme con mis compañeros para juntos ir a la cárcel …bueno no es una imagen particularmente refrescante ni estimulante… Pero hace aproximadamente un año que llevo yendo a la cárcel y aún hoy me pregunto por qué lo hago… tal vez por que cuando uno ve el dolor, cuando lo mira así, tan de cerca y sin decorados, como se ve en la cárcel, es muy difícil no desear hacer algo que lo alivie. La meditación es sin lugar a duda una herramienta que apunta a eso… Cada vez que acaban estas tardes de meditación en la cárcel, cuando ya regresamos a Valencia me siento mas completo y feliz. De repente veo tantas posibilidades y espacio a mi alrededor, que comienza a parecerme inútil y vergonzoso el tiempo que pierdo en quejarme y lamentarme por los tropiezos y las pequeñas dificultades que encuentro en mi camino. UN BÁLSAMO, UN REFUGIO.Por Mª José Micó.En verdad, creando condiciones se puede cambiar la forma de ver y sentir la vida. En mi experiencia, llevando la meditación a prisión, he podido vivir su efecto de transformación, positividad, afecto y calma. Viviendo bajo las circunstancias de “un mundo infernal” la meditación puede ser para ellos un bálsamo y un refugio dónde sentirse seguros y en paz. Hace falta crear condiciones para que una persona pueda vivir con mas compresión, serenidad y consciencia, aunque los demás a su alrededor no tengan estas cualidades, intentando vivir sin odio entre los que odian y tratando de poner conciencia en sus estados de negatividad y agresividad. Cuando escucho las experiencias de las personas que vienen por el curso de meditación y veo como han cambiado aspectos de sus vidas, me maravillo, me emociono y nace en mí un sentimiento de metta y alegría que me acompaña de vuelta a casa cada viernes. El esfuerzo que dedicamos todos es muy valioso, aunque sean pocos, aunque sean solo tres, dos o incluso uno el que venga. El bien creado, vale el esfuerzo. Gracias al proyecto por permitirme vivirlo! ¡SADHU CHICOS!. (Sadhu significa “bien hecho!” en Sánscrito.) A todos los compañeros de meditación en la cárcel, a los dentro y a los de fuera, porque formamos un equipo de meditadores creando nuevas condiciones para mejorar las cosas. Gracias. LA MEDITACIÓN PUEDE CAMBIAR EL MUNDO.Por Susan Story.Hace más de un año tuve la tremenda suerte de involucrarme en el proyecto de Picassent con el Centro Budista de Valencia. Saddhakara me informó sobre el proyecto y como creo firmemente que una práctica de Meditación puede cambiar el mundo no dudé en unirme al grupo para enseñar la meditación en la cárcel. Al principio el director de Picassent nos pidió que enseñáramos las técnicas a un grupo de presos del Módulo 7 porque el director consideraba que hacía más falta allí. Nos comentó que eran los más difíciles por varias razones y que les vendría muy bien. No tenía la menor idea de cómo iba a ser la experiencia pero desde el primer día sentí mucha paz. Los chicos estaban muy agradecidos por el regalo de la meditación y no quisieron perder la oportunidad de encontrar algo de serenidad en sus vidas. Desde el primer día recibí mucho más de lo que estaba dando. Soy profesora de adolescentes y mis alumnos en la escuela no suelen ser tan agradecidos como los hombres del grupo de meditación de Picassent. Parece mentira, pero lo digo de corazón. Este curso escolar no puedo asistir al proyecto porque tengo clases los viernes por la tarde en el colegio, pero espero poder volver a incorporarme el próximo año. Al salir de la cárcel, cuando terminábamos nuestra sesión cada viernes, tenía una sensación de haber sentido destellos de Metta y tengo que reconocer que eso no ocurre todos los días. Sé que ahora estamos enseñando meditación a un grupo de mujeres en preventivos y que este trabajo también esta resultando muy positivo. También sé que en el grupo de los hombres ha habido algunas bajas por traslado de prisión, como Giorgio, que tanto entusiasmo puso en el grupo. María José me informa todas las semanas de cómo van con las clases. No hace falta decir que les deseo todo lo mejor, porque cada uno del grupo está dando lo mejor de sí mismo para ofrecer el regalo de la comprensión, la amabilidad y el tiempo para cada uno que acude a la clase. Espero poder continuar con vosotros, compañeros, el curso que viene. Gracias a todos.
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Un
día cualquiera meditando en la prisión de Samudra
"LaPantera"por
Giorgio E. Rodríguez Dip
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