
Padma llegó a Llasa al parque de recreo en Todlung. En aquel entonces
el rey se quedaba en su residencia a orillas del río Brahmaputra. Envió
a sus emisarios, Lhasung y Lupel Gyalpo, acompañados de quinientos
caballeros con armaduras, a escoltar al Guru. Hacía un calor bochornoso
y no se conseguía ni agua ni té. Pero Padmasambhava, el Ilustre
de Udiyana, golpeó con su bordón el pozo de Todlung y luego
dijo:
Lhasang, el agua está saliendo a borbotones. Llena tu cuenco con ella.
Y desde entonces el lugar fue nombrado El agua divina del cuenco.
Luego se encontró con el monarca en su castillo en medio del parque que se situaba a la orilla del río. El rey se hallaba con su corte que se parecía a un palomar. Las dos reinas llegaron rodeadas de sus señoras vestidas con deslumbrantes ropajes de iridiscentes telas.
A fin de dar la bienvenida al Guru se organizó un espectáculo
con bailes, música, tambores y máscaras.
Durante la actuación Padma el Ilustre reflexionaba así
-Yo no nací del cuerpo de una mujer, nací espontáneamente,
en cambio el rey sí nació del cuerpo de su madre y por lo tanto
yo soy el más grande. En este momento la ley de Udiyana prevalecerá
en este país. El rey es grande por herencia. ¿Pero quienes somos
realmente? Su mente está sumergida en las tinieblas de la ignorancia.
Yo conozco los cinco reinos del conocimiento. He alcanzado la iluminación
en una sola vida humana. He superado la vida y la muerte.
El me ha invitado por necesidad.
Antiguamente este rey se doblegaba ante mi. ¿Voy a postrarme a sus
pies ahora? Si me doblego el Dharma sufrirá desprecio. Si no me doblego
se enfadará. Pero por muy poderoso que sea me niego a rendirle homenaje.
Mientras tanto el rey pensaba así
-Soy soberano de todas las cabezas negras del Tíbet. El abad-bodhisatva ya me ha rendido homenaje. El Guru también debe postrarse. Y, poco dispuesto a saludar al Guru, se quedó indeciso y vacilante.
Ahora el Guru elogió su propia nobleza y grandeza
-Los Budas de las tres eras nacieron de mujer, y a ellos les pertenecen conocimientos
y mérito innumerables. Pero yo soy el Buda Padma Jungnay, nacido del
loto. A mí me pertenecen los consejos que penetran los altísimos
conceptos del Dharma.
Poseo los preceptos de las escrituras tántricas y las explico a fondo
distinguiendo los tres vehículos.
Yo soy Padmasambhava el Médico
Dispenso la medicina del Dharma,
El bálsamo que nos cura de la muerte,
Y hago aparecer imágenes divinas
Yo soy Padmasambhava el Astrólogo
Mis consejos muestran a todos su propio camino.
Inundo el núcleo de las cinco gnosis
Arrasando a mi paso a los cinco demonios
Y destruyendo los cinco venenos.
Yo soy Padmasambhava el Hechicero
Mis consejos se fundamentan en la doctrina que trasmuta los cinco venenos
No renuncio el placer. Me acompaña en el camino.
Exalto en la quíntuple gnosis.
Yo soy Padmasambhava el Rey
Mis consejos basados en la doctrina tienen autoridad en los tres reinos.
Abrazo y hago estremecer el profundo cielo de la causalidad.
Lo logro todo y lo sojuzgo todo hasta la conciencia misma.
Yo soy Padmasambhava la Reina
Mis consejos son los del Buda a la hora de la muerte
Apadrino las tareas que completan los hombres de gran fe
Doy felicidad a todos los seres en su vida posterior.
Yo soy Padmasambhava el Héroe
Mis consejos se originan en la doctrina que pisotea el ciclo hostil del renacimiento.
He asignado el patrimonio de los tres dones a mis afortunados hijos
Y los afinco en el espléndido palacio del Dharma.
Yo soy Padmasambhava el Anciano
La raíz de mis consejos es la doctrina que muestra el camino a los
ancianos.
Les acompaño y les sirvo de guía en las tres prácticas
éticas
Recorriendo el camino de la felicidad celestial.
Yo soy Padmasambhava la Doncella
Mis enseñanzas del Dharma vedan el paso al quádruple Mara
Me adorno con los tres fervores
Me ofrezco como esposa a todos los seres.
Yo soy Padmasambhava el Mancebo
Mis enseñanzas encierran el sentido relativo y absoluto de la doctrina
Y asalto la fortaleza del triple éxtasis
Me encanta jugar en lugares de toda índole
Yo soy Padmasambhava el Niño
Enseño la doctrina que hace callar a los que denuncian y censuran.
Percibo por el triple ojo del entendimiento
Me nutro de la unicidad de las profundidades místicas
Yo soy Padmasambhava el Inmortal
Mis enseñanzas surgen de la esencia diamantina del Dharma
No dependo de los cuatro elementos externos
Ni me establezco en la morada del cuerpo perecedero.
Yo soy Padmasambhava el Nonato
Doy los consejos con el gran sello de la doctrina
Mi cuerpo diamantino nunca menguará
Pues mi mente, afianzada en el Despertar,
es de naturaleza lúcida y perenne.
Yo soy Padmasambhava el Perenne
Mis consejos se fundamentan en la doctrina que alivia el sufrimiento
De aquellos que padecen enfermedades
Y cuyo aspecto está desgastado por las circunstancias.
Yo soy Padmasambhava El que no conoce la enfermedad
Los consejos de la gran perfección del Dharma son míos.
Y tú, Rey de Tíbet-
Del país sin virtudes-estás rodeado de hombres y ogros incultos
y groseros
Dependes de los sirvientes del hambre. No eres ni feliz ni alegre. En cuanto
a tus reinas, son monstruos en forma de mujer, espíritus necrófagos
les rodean, se adornan de oro, sándalo y turquesa, pero carecen de
corazón y de mente.
Tu regentas aquí, con el pecho henchido, tu poder es grande, tu higado
está satisfecho. Altanero, con el cetro en la mano, tienes estatus
y categoría.
Pero ante ti yo no me doblego. Sin embargo, a fin de cumpir con mi compromiso
me quedaré aquí con vosotros en Tíbet.
O rey, eres testigo de mi llegada aquí. Así habló el Guru Padmasambhava. Luego volvió las manos y de ellas surgió una llama milagrosa que le quemó el atuendo al rey.
Al presenciar este prodigio, el rey, sus ministros y sus cortesanos ya no
podían resistirse al Gurú y juntos se doblegaron y se postraron
ante el, como un campo de trigo segado.
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