!Aranya marchando!
Septiembre 2005

 


Aranya sigue progresando. Durante mi visita a principios de septiembre Vijayasri y Vajradevi cogían todos los días el coche para recorrer los siete kilómetros hasta el pueblo, para ir de compras o ponerse en contacto con el resto del mundo por Internet o un teléfono móvil. Tuvimos algunas charlas muy interesantes con D. Luis Moreno, el arquitecto sobre el aspecto final del centro de retiro. Un día cálido y soleado nos visitó en la obra y sin mostrar cansancio ninguno estudió las diversas opciones y sugerencias: ¿ por aquí una pared o mejor allá?, ¿el pasillo a este lado o el otro?, y ¿ dónde ubicar la escalera ?El proyecto le entusiasma, como ocurre con Gerardo el electricista. Gerardo es mucho más que un mero electricista, también entiende de placas solares. El se encargo de instalar estas placas que puedes ver en la foto. También consiguió de bombear agua desde el lecho del río más bien seco mediante un tanque séptico hasta la casa comunal.

Durante mi estancia estamos intentando contactar con una empresa de construcción para encargarse del gran proyecto de transformar las dependencias de una preciosa granja venida abajo en un centro de retiro. Parece que en España los albañiles están muy solicitados y tienen bastante trabajo. La mañana que me fui de Los Puertos de Beceite como se llama la sierra donde se sitúa Aranya llovía, y al comentarlo con Ramón, el director del banco, nos dijo que hablaría con alguna gente. “Yo también me he dedicado a la construcción, ¿sabes?” La gente de la zona de hecho sienten simpatía por nuestro proyecto y nos ofrecen su ayuda. Un día, Betty la mujer del panadero de un pueblo vecino se nos acercó para ofrecer su ayuda lo que nos transmitió hablando el inglés bastante bien.

 

Otra tarde

 

Otra tarde fui testigo de como Gerardo y Pablo el hombre que cuida las trufas de la propiedad y que conoce el terreno a fondo estaban metidas en una seria negociación. Gerardo quería que Pablo cavar un pozo cuanto antes. Pablo con mirada alarmada y firme a la vez dijo “ahora no, hay que esperar a luna llena. Solamente entonces sabremos si el agua no se perderá” Gerardo movió la cabeza con incredulidad. “sé de electricidad, kilovatios y hidráulica, pero no me preguntes nada acerca de la luna”. A lo que Pablo contestó “Pero es que ¿por las noches no miras el cielo de vez en cuando?..¿ no te has percatado de que hay como un disco blanco allí arriba, que a veces va menguando? Pués de esto te estoy hablando, y te aseguro que causa efecto sobre el agua.” Llegamos a la conclusión que no podíamos ignorar esta sabiduría tan antigua por lo que Pablo cavará el pozo en la luna llena venidera.

Mientras tanto, Vajradevi y Viyayasri habrán subido y bajado el camino con sus estupendas vistas no sé cuantas veces para bajar su correo electrónico, comprando cemento y abastos..... De hecho, mientras escribo eestas líneas, no me sorperendería nada que se encontrasen con Rocinante o el Gordo, los dos landrover con los que transportamos a las personas y los materiales , ahora mismo recogen a otro voluntario para echarnos una mano y ayudarnos a convertir Aranya en un lugar aun más precioso.


texto : Thea Wiersma, 15.09.2006

fotos:Sanghadevi


Un breve retiro solitario


Es de noche y estoy a novecientos metros por encima del mar en esta sierra lejana de España. El sol de marzo emite menos calor pero como si fuera un acto dramático los rayos de sol penetran por las nubes oscuras en gran contraste con el cielo de un azul intenso. Me encuentro a solas en la finca, acampando entre dos cerezos en flor en un bancal lleno de hierba que algún día será la sala de meditación. Estoy rodeado/a por un montón de pinos jóvenes que brillan con el verde típico de la primavera. Me hacen compañía en esta soledad tan extensa. En una encina de un verde más oscuro un pajarito canta, y un grupo de cabras monteses parecen estar escuchando equilibrándose en otro bancal más arriba.

Los acantilados blancos me flanquean como torres gigantes y llego a contar hasta 33 aves rapaces volando en círculos aprovechando la térmica. Subí hasta arriba hoy, siguiendo las sendas de las cabras y los barrancos, y comí sentado/a el techo del mundo. Sierra tras sierra llenan el horizonte y justo debajo de donde estoy figura la granja de color amarillo que un día será nuestro centro de retiro.
Qué paz, qué silencio. La vieja casona con su presencia parece querer compartir su historia. Doy dos vueltas a la llave y se abre la puerta de arriba. En la oscuridad se ve los utensilios abandonados a su suerte hace treinta años: botes, ropa, botellas, botas. Me muevo con cautela de una habitación a la otra. Hay pasillos y escalones, barriles de vino de gran tamaño y cestos??? para el trigo, un colchón de paja y una cuna de madera. La oscuridad y el polvo abundan pero no asustan. Le dijo a la casa que otra vez será un hogar tratado con cariño.

Fuera poco a poco los bancales se van cubriendo de pétalos de un rosado pálido, están las ramas de los almendros tan cargadas. Me llevo una para ofrecerla a la stupa que monté: tres piedras encima de un afloramiento de una roca en el camino hacia la fuente. Alrededor otro circulo hecho de un veintena de piedras más pequeña. Me siento y entono los mantras mientras que el sol se pone. Qué privilegio poder estar aquí.

Mañana por la mañana bajaré la montaña andando hasta la cass comunal para mezclar el cemento junto con Vijayasri y Alana. Subiremos el hormigón en cubos hasta el tejado donde Vajrananda y Summer lo utilizarán para juntar las tejas en filas apretadas. Luego nos sentaremos en las rocas, al sol para tomar un té y la comida y por la tarde volveremos cansados y sucios pero contentos al apartamento en el pueblo.
Es de noche y la luna llena está a punto de salir. Tres capas de ropa, dos sacos de dormir y una manta el sueño me invada pronto. Me dejo llevar sobre una ola de metta hacia todos que han cuidado esta tierra en el pasado y para todos que meditarán aquí en el futuro.


Dhiraprabha.

La comunidad de apoyo

en Octubre Sudaya visitó la finca Aryana

Aranya en ingles