Meditando con terroristas.

Dharmacharini Saddhakara

Todas las opiniones, ideas y sentimientos que muestro en este artículo, son de carácter personal y no necesariamente vinculan a la Orden Budista Occidental, ni al Centro Budista de Valencia

Probablemente una de las cosas que más me ha hecho reflexionar en estas visitas a Picassent, haya sido enseñar meditación, meditar junto con, y hablar de forma bastante personal con presas de ETA.

Soy miembro de la Orden Budista Occidental,”Dharmacharini”; tal y como yo lo veo el compromiso que acepté al ordenarme, fue el de tomar el Buda / Dharma (Budismo) como la cosa más importante de mi vida, hacerlo para el logro de la iluminación, no solo por mi propio beneficio sino también para el bien de todos los seres y hacerlo en armonía con mis hermanos y con respeto a mis maestros.

El compromiso de tomar el Buda/Dharma como la cosa más importante de mi vida me compromete a tener una vida ética, a trabajar con el desarrollo de estados mentales positivos, me compromete a la práctica de meditación y con el propósito de tener una influencia creativa (positiva y nueva) en el mundo.

Algunas veces, desde fuera se puede llegar a pensar que el practicante comprometido del Dharma es un ser ensimismado, uno que busca, casi exclusivamente, su propia tranquilidad, alguien que tiende a desentenderse del mundo, incluso alguien un poco indiferente. De ningún modo lo experimento así. Para mí, es tan importante mantenerme conectada con mi interior como con el mundo, es tan importante el noble silencio de la meditación como la acción. Yo tengo ideas políticas, me interesa la organización de la sociedad en la que vivo, quiero estar activa en sus instituciones y quiero cambiar el mundo, tanto como serenarme, estar en paz, crecer e iluminarme.

Antes, la acción en el mundo y las ideas políticas me solía poner en antagonismo con los que pensaban de otra manera; soy consciente de que esos antagonismos son muy frecuentes entre los seres humanos y pueden ser llevados muy lejos: “Lo que yo pienso es la verdad, luego lo que tú piensas es falso”. Y hay miedo y desconfianza hacia el otro, y es fácil creer que si ese otro desapareciera, se terminarían los problemas. Hay odio y el odio engendra violencia, hay venganza y en definitiva la ignorancia espiritual lo oscurece todo.

Ahora el Dharma me ha enseñado, que hasta alcanzar la iluminación; las ideas políticas, las formas de organización, las cosas que uno piensa o creé, son puntos de vista y por muy acertados que puedan ser, son solo puntos de vista y no la verdad absoluta. Me ha enseñado que cuando la fuerza entra por la puerta la razón sale por la ventana.

Tengo ideas políticas y estas ideas tienden a ser de izquierda. Me interesa todo eso del reparto de recursos, me interesa mucho el cuidado del mundo y la ecología, la visión de la justicia social que tradicionalmente tiene la izquierda, derechos sociales, de las minorías, derechos humanos… Pero entre las cosas que pienso y me interesan no se encuentran las ideas de nacionalismos.

Por lo que creo entender, los nacionalismos parecen estar basados en una especie de amor, incluso diría apego, a una determinada cultura, extensión territorial, lengua, tradiciones, folklore etc. Y la fuerte identificación con todo esto y la creencia de que es necesario defenderlo contra las cosas, gentes, ideas, y /u, otros nacionalismos que podrían voluntaria o involuntariamente cambiar eso que amamos.

En base a este “amor” a la cultura con la que nos identificamos, se invaden países, por que estamos convencidos que nuestra “civilización, nuestro modo de ver el mundo, nuestra forma de hacer las cosas, nuestra religión” son mucho mejores, de modo que así les beneficiamos también a ellos.

En base de este “amor” se mata. En base de este “amor” se impide que otros se identifiquen con lo que sea que quieran identificarse. Estos nacionalismos son de muchos colores: son de derechas, de izquierdas, con toques religiosos, geográficamente pequeños o grandes, incluso muy grandes, hay nacionalismo vasco, catalán, español, occidental (por citar tan solo algunos que nos atañen de forma bastante directa).

Bien, pues no me inspiran nada ninguna de estas ideas, ningún tipo de nacionalismo. Lo que yo siento es que una cultura sirve para el desarrollo de una comunidad, las diversas culturas humanas con sus lenguas y sus distintas expresiones son el reflejo del desarrollo de un pueblo y a su vez son la herramienta que ayuda a este pueblo a ir mas allá (más allá de ser una especie animal más, que protege su territorio y su idiosincrasia). La cultura nos ayuda a ser seres humanos, las lenguas son herramientas para la comunicación. Las expresiones artísticas, las costumbres, deben ser formas de resaltar lo mejor de un pueblo y apoyarlo en su crecimiento.

Cuando una cultura en vez de estar al servicio de los hombres y mujeres, convierte a estos en sus vasallos, ya no es una cultura; cuando una cultura quiere dejar de moverse y de recibir influencias ya no es cultura; cuando una cultura se utiliza para amedrentar y generar guerras, terrorismo y abusos de cualquier tipo ya no es una cultura. No es posible usar la fuerza argumentando: ¡Pero, yo tengo la razón!

Probablemente la tendencia del mundo es que la cultura, la civilización, la religión… degeneren y dejen de servir bien, a los pueblos de donde surgieron.
El caso es que no soy nacionalista de ningún tinte, y tampoco me parece mejor lo español que lo vasco o lo ruso que lo chechenio, ni viceversa. Así que en mi experiencia en Picassent con estas dos mujeres, militantes de ETA, no han influido coincidencias políticas.

Me encontré con dos personas, mujeres, jóvenes, inteligentes, cooperantes y amables. Días antes de empezar este grupo de meditación había buscado en Internet y sobre una de ellas, bastante famosa se han dicho muchas cosas y en estos escritos hay bastantes epítetos desagradables y afirmaciones sobre su gusto por matar y cosas así.

Después, tras leer estas cosas y llegar, por supuesto, con mis propios prejuicios, a Picassent, me sentí muy impresionada al encontrarme con unas mujeres que hablaban de calmar sus mentes, que hablaban con amor de sus familias, que mostraban mucho interés y cuidaban a las otras internas, que se sentaban a mi lado en la postura de meditación, cerraban los ojos, y al igual que yo se metían hacia dentro, tratando dejar ir las distracciones, enfocando la mente en la respiración, buscando quietud, profundidad, buscando algo mejor, buscando comprensión de la existencia.

El encuentro con estas dos mujeres me impactó especialmente; más por lo que yo misma sentí que por como sean ellas puesto que casi no las conozco. No pude ver en ellas al otro, al contrario, al enemigo, ese que nos gusta imaginar tan distinto de nosotros mismos, no pude ver en ellas “al terrorista”.

Conocerlas personalmente me llevó a reflexiones que antes no había tenido: me doy cuenta que en realidad para los seres humanos es bastante normal, luchar y matar por ideas e ideales, muchos de los héroes de nuestra cultura lo son precisamente por defender con violencia ideales, algunos de estos héroes (que mataban), incluso, han sido santificados (en la tradición cristiana).

Parece que las personas podemos hacer estas cosas pensando “Esto, es lo mejor que puedo hacer”. Claro, si para ti lo más importante del mundo es tu patria y tu cultura no es difícil acabar muriendo o matando por ello. De la misma manera si crees que tu dios es el único y verdadero, y los demás todos falsos. Es fácil pensar que tenemos la verdad y que matar por la verdad no es matar si no dar vida.

La cosa que el budismo sugiere que tome como lo más importante de mi vida, es la budeidad; es decir: tanto yo como cualquier otro ser humano puede elevar su consciencia hasta un nivel de nitidez, bondad, generosidad, y sabiduría sin límites. Tal vez hoy estés en un punto de ofuscación y odio pero dentro de ti existe el potencial de compasión, bondad y sapiencia; y yo puedo optar por lo que quiera, por odiarte a mi vez dada tu ofuscación, o por, abriendo lo mejor de mí, ver lo mejor de ti. Cuando hago lo primero, los dos estamos perdidos, cuando hago lo segundo soy dueña de mi misma y crezco y el otro, al menos, verá algo distinto.

Y esta es la opción que ha tomado mi corazón, esta es la conexión que he establecido con estas mujeres a través de la meditación y en base de esos pequeños momentos meditando juntas ha surgido un profundo deseo, que siempre tuve pero ahora se ahonda, de que las cosas se arreglen.

Ojala que los que tienen en sus manos la joya del perdón la ofrenden magnánima y generosamente; que los que tienen en sus manos la capacidad de dialogar, negociar, facilitar y decidir lo hagan, teniendo en cuenta que sabiduría sin amor/compasión, no es sabiduría; que los que piensan que suprimir al adversario es ganar, descubran la verdad: “que ganando así solo se cosecha odio”; ojala que la verdadera cultura nos eleve alejándonos de la sangre, la razón absoluta, el odio.
Ojala que los que han matado sientan el dolor de los muertos en su carne y que ese dolor les haga libres y bondadosos; ojala que nadie quiera vengarse.
Ojala que la meditación nos ayude a cambiar, ser libres, felices, generosas y sabias.

En el Budismo se piensa que ninguna acción por torpe que esta sea es irreparable, todo es susceptible de cambio, lo torpe se transforma con acciones sabias y de amor, del mismo peso que la acción torpe que cometimos. Por supuesto si hemos matado no podremos devolver la vida pero al menos podremos respetar la vida plena y conscientemente y trabajar para que nunca a nadie más se le ocurra la idea de que las diferencias, sean estas la que sean, se pueden resolver eliminando al contrario.

En un mundo dual siempre habrá un contrario, aunque lleguemos a eliminar un gran número de ellos; con estas respuestas de guerras y terrorismo los odios se perpetúan. Pero también en este mundo es donde podemos encontrarnos con el enorme potencial de la existencia, con la capacidad del ser humano de trascender la dualidad, de cambiar el odio por la compasión, cambiar el egoísmo separador por el sosiego y la ignorancia en sabiduría.

Quiero terminar con unos versos de Bhante Sangharakshita. Estoy pensando en un viernes cualquiera cuando llegamos a Picassent: cruzamos las distintas puertas metálicas, entramos en esa pequeña habitación, que quiero considerar sagrada, nos sentamos y meditamos. Los versos dicen:

 

Que alrededor de este mándala, este sitio sagrado,
Se abran los lotos, los pétalos de la pureza
Que alrededor de este mándala, este sitio sagrado
Se extiendan las vajras, la muralla de la determinación.
Que alrededor de este mándala, este sitio sagrado,
Se produzcan las llamas que transmutan el samsara en nirvana.
Al sentarnos aquí, al practicar aquí
Que nuestras mentes se hagan Buda
Que nuestros pensamientos se hagan Dharma
Que nuestra comunicación mutua se haga Sangha
Para la felicidad de todos los seres
Y el beneficio de todos los seres.

 

Dharma y acción social

Mirar nuestro mundo

Poner en práctica

Mirada ecologica

Vegetarianismo

Meditación en Prisión

 


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